Bienestar físico
Más flexibilidad, fuerza y equilibrio. La espalda deja de doler al final del día y el cuerpo se mueve con menos esfuerzo.
Un espacio tranquilo en Osorno donde la práctica se adapta a ti, no al revés. Respira, muévete y date el permiso de bajar el ritmo.
Alma Yoga nació de una idea simple: que cualquier persona pueda entrar a una sala, dejar el día afuera y encontrarse con su cuerpo sin sentirse observada.
No importa si nunca has hecho yoga, si vuelves después de años o si llevas media vida en la colchoneta. Trabajamos en grupos reducidos para acompañar cada postura, con variaciones para cada cuerpo y cada momento.
Nuestra sala está pensada para eso: luz natural, silencio y todo el material que necesitas ya puesto en el suelo cuando llegas.
Conoce el estudio →Cuatro cosas que nuestras alumnas cuentan después de algunas semanas de práctica constante.
Más flexibilidad, fuerza y equilibrio. La espalda deja de doler al final del día y el cuerpo se mueve con menos esfuerzo.
La respiración consciente baja el ruido mental. Una hora de práctica ordena lo que el día desordenó.
La atención se entrena como un músculo. Concentrarse en el trabajo o en la casa deja de costar tanto.
Aprender a escuchar el cuerpo antes de que grite. Ese es, en el fondo, todo el propósito.
Nuestro propósito es sostener un espacio donde cada persona pueda encontrarse consigo misma sin apuro. El yoga no se trata de llegar a la postura perfecta: se trata de aprender a habitar el cuerpo que tienes hoy.
Cuéntanos qué te gustaría practicar y te confirmamos el cupo por WhatsApp. La primera clase es de prueba.
Llegué con contracturas de años sentada frente al computador. A los dos meses el dolor de cuello simplemente dejó de estar. Nunca me sentí observada ni fuera de lugar.
Tenía la idea de que el yoga era para gente flexible. Alejandra me mostró variaciones para cada postura y hoy voy tres veces por semana.
El grupo es chico y eso hace toda la diferencia. Te corrigen, te acompañan y sales de la clase como si te hubieran reiniciado.
Empecé en el embarazo y seguí después del parto. Fue el único rato de la semana que sentí realmente mío.
Tengo 63 años y pensé que ya era tarde. Llevo un año y subo las escaleras de mi casa sin pensarlo dos veces.
La sala es preciosa, huele rico y todo está listo cuando llegas. Se nota el cuidado en los detalles.
Llegué con contracturas de años sentada frente al computador. A los dos meses el dolor de cuello simplemente dejó de estar. Nunca me sentí observada ni fuera de lugar.
Tenía la idea de que el yoga era para gente flexible. Alejandra me mostró variaciones para cada postura y hoy voy tres veces por semana.
El grupo es chico y eso hace toda la diferencia. Te corrigen, te acompañan y sales de la clase como si te hubieran reiniciado.
Empecé en el embarazo y seguí después del parto. Fue el único rato de la semana que sentí realmente mío.
Tengo 63 años y pensé que ya era tarde. Llevo un año y subo las escaleras de mi casa sin pensarlo dos veces.
La sala es preciosa, huele rico y todo está listo cuando llegas. Se nota el cuidado en los detalles.
La sala es preciosa, huele rico y todo está listo cuando llegas. Se nota el cuidado en los detalles.
Tengo 63 años y pensé que ya era tarde. Llevo un año y subo las escaleras de mi casa sin pensarlo dos veces.
Empecé en el embarazo y seguí después del parto. Fue el único rato de la semana que sentí realmente mío.
El grupo es chico y eso hace toda la diferencia. Te corrigen, te acompañan y sales de la clase como si te hubieran reiniciado.
Tenía la idea de que el yoga era para gente flexible. Alejandra me mostró variaciones para cada postura y hoy voy tres veces por semana.
Llegué con contracturas de años sentada frente al computador. A los dos meses el dolor de cuello simplemente dejó de estar. Nunca me sentí observada ni fuera de lugar.
La sala es preciosa, huele rico y todo está listo cuando llegas. Se nota el cuidado en los detalles.
Tengo 63 años y pensé que ya era tarde. Llevo un año y subo las escaleras de mi casa sin pensarlo dos veces.
Empecé en el embarazo y seguí después del parto. Fue el único rato de la semana que sentí realmente mío.
El grupo es chico y eso hace toda la diferencia. Te corrigen, te acompañan y sales de la clase como si te hubieran reiniciado.
Tenía la idea de que el yoga era para gente flexible. Alejandra me mostró variaciones para cada postura y hoy voy tres veces por semana.
Llegué con contracturas de años sentada frente al computador. A los dos meses el dolor de cuello simplemente dejó de estar. Nunca me sentí observada ni fuera de lugar.
Formada en Hatha Yoga tradicional, con más de una década de práctica. Cree en las clases chicas y en avanzar sin apuro.
Placeholder de la maqueta: acá va la segunda instructora del estudio, con su formación y su estilo de clase.
Placeholder de la maqueta: espacio para quien dicte los talleres de respiración y meditación guiada.
Valores referenciales de la maqueta. Se ajustan a los precios reales del estudio.
Práctica al aire libre en las afueras de Osorno, seguida de un desayuno compartido.
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Tres horas dedicadas al pranayama y a técnicas simples para bajar la ansiedad del día a día.
Inscribirme →
Un día completo de práctica, silencio y alimentación consciente en el campo.
Inscribirme →La lumbar que molesta casi nunca es el origen. Qué se trabaja realmente y en cuánto tiempo se nota.
Leer →Tres técnicas simples que puedes hacer sentada, sin que nadie se dé cuenta, cuando el pecho se aprieta.
Leer →No necesitas ser flexible ni comprar nada. Lo que sí conviene saber antes de tu primera clase.
Leer →Escríbenos por WhatsApp y te contamos qué clase te conviene según tu momento. Sin compromiso.