Nadie compite
No hay posturas “bien hechas”. Hay cuerpos distintos y variaciones para cada uno. Nadie mira al de al lado.
Alma Yoga es una sala en Osorno donde caben doce personas. Ni una más. Esa decisión define todo lo demás.
Alejandra llevaba años practicando y enseñando en salas ajenas cuando decidió abrir un espacio propio. Al principio fueron seis colchonetas en un living, dos clases a la semana y las alumnas de siempre.
Con el tiempo apareció la sala, la luz que entra por el norte y un horario que hoy cubre desde la mañana temprano hasta la noche. Lo que no cambió fue el tamaño de los grupos: doce personas, para que nadie practique sin ser visto.
Hoy pasan por Alma Yoga personas de todas las edades: quienes llegan por una lesión, quienes buscan bajar el ruido de la cabeza y quienes simplemente querían moverse sin competir con nadie.
No hay posturas “bien hechas”. Hay cuerpos distintos y variaciones para cada uno. Nadie mira al de al lado.
Doce colchonetas por clase. Suficiente para acompañar cada postura y corregir a tiempo.
Colchoneta, cojines, mantas y bloques puestos en el suelo. Tú solo tienes que aparecer.
El yoga no se trata de llegar a la postura perfecta: se trata de aprender a habitar el cuerpo que tienes hoy.Agenda tu primera clase →
Formada en Hatha Yoga tradicional, con más de una década de práctica. Cree en las clases chicas y en avanzar sin apuro.
Placeholder de la maqueta: acá va la segunda instructora del estudio, con su formación y su estilo de clase.
Placeholder de la maqueta: espacio para quien dicte los talleres de respiración y meditación guiada.