La pregunta llega casi siempre igual: “¿pero sirve si nunca he hecho nada?”. Sí. De hecho, es el mejor momento para empezar, porque no traes vicios de práctica ni la idea de que hay una postura correcta a la que llegar.
No necesitas ser flexible
La flexibilidad es una consecuencia de practicar, no un requisito para entrar. Nadie llega a su primera clase de natación sabiendo nadar. En yoga pasa lo mismo, con la diferencia de que acá nadie te va a mirar.
Cada postura tiene variaciones. Si la rodilla no llega al suelo, se pone un cojín. Si la mano no alcanza el pie, se usa un cinturón. El objetivo nunca es la forma: es lo que sientes mientras la sostienes.
Qué llevar a la primera clase
- Ropa cómoda que estire. No hace falta ropa deportiva de yoga.
- Una botella de agua.
- Llegar diez minutos antes para instalarte sin apuro.
La colchoneta, los bloques, las mantas y los cojines están en la sala. No tienes que comprar nada para empezar.
Qué pasa si algo duele
Molestar y doler no son lo mismo. Estirar molesta; el dolor agudo es una señal de parar. Avisa antes de la clase si tienes una lesión, una cirugía reciente o si estás embarazada: la práctica se adapta.
Lo único que se necesita para la primera clase es aparecer.
Si tienes dudas sobre qué clase te conviene, escríbenos y lo conversamos antes de que reserves.