Todo empezó con un fuego. Mientras terminaba Diseño, me juntaba con unas amigas a practicar terapia Homa: cada mañana encendíamos un fuego sagrado al amanecer y meditábamos. Ahí descubrí que se podía conectar con algo más grande en un gesto tan simple como respirar frente a una llama.
El Kundalini y un nombre que llegó por correo
Al poco tiempo empecé a practicar Kundalini Yoga en la universidad. Los instructores, vestidos de blanco y con turbante, me parecían casi inalcanzables. Hasta que un día me pregunté si esto se podía estudiar.
Estando embarazada, me tocaron la puerta y me entregaron un sobre que venía de Estados Unidos. Era mi nombre espiritual: Pavan Kaur, “la princesa que transporta la energía vital”. Al principio no me hacía sentido. Hoy describe exactamente lo que hago: acompañar a otras personas a través del aliento.
La formación
Primero me formé como terapeuta floral. El 2015 hice mi instructorado de Kundalini Yoga en la Escuela Internacional Narayan con Nam Nidhan Kaur Khalsa, con quien trabajé y aprendí durante años. El 2016 viajé a Bariloche para especializarme en yoga para niñ@s con Gurudass Kaur Khalsa, y el 2017 completé la especialidad en mujeres. También hice servicio en la Fundación Mujer de Luz, acompañando a mujeres que vivieron violencia.
De un living a Alma Yoga
Mis primeras clases fueron en el living de mi casa, que transformé en una pequeña sala para mujeres: la Sala Anahat. En paralelo trabajaba como gerenta de ventas, y mi formación de diseñadora gráfica me ayudó a crear la identidad de lo que vendría.
Después de la pandemia, desde la montaña en Rupanco, me pregunté qué quería hacer con mi vida. Diseño, ventas, cocina natural… Me costó decidir, pero volví a elegir el yoga. Y aquí estoy.
“Hoy, después de veinte años, por fin encajo en mi nombre: ser un canal para la energía vital de otras personas.” — Pavan Kaur
Te espero en Alma Yoga, en Osorno, para compartir este camino contigo.
